las adicciones

 

LAS ADICCIONES


El entorno familiar del adolescente es de mucha importancia. Comenzando por señalar las precariedad de los vínculos intrafamiliares en las familias disfuncionales, que inevitablemente trae como consecuencia  un trastocamiento de valores, con dificultad de asumir la autocrítica, sentimientos de culpa y preocupaciones del adolescente frente a sí mismo y hacia los demás.

LA FAMILIA

Estas estructuras familiares vulnerables tienen efectos graves en los primeros años de edad, que se manifiestan más en la adolescencia, ya que es el segmento de la vida donde se va formando la personalidad de un individuo. El perfil del adolescente adicto también puede encontrarse en ciertos modelos familiares, donde existen consignas o mensajes verbales y no verbales que marcan de alguna manera al niño o al adolescente  una conducta a seguir frente a las viscisitudes de la vida apelando al consumo de medicación o sustancias psicoestimulantes.
El uso indiscriminado por parte de familiares directos, tanto de medicamentos, como el consumo del tabaco y el alcohol en forma compulsiva frente a cualquier ansiedad, hasta de comidas para calmar la angustia oral, puede ir construyendo en el niño un “modelo de vida” para enfrentar situaciones de stress y conflictos, ya que al no existir modelos coherentes de reflexión, se prioriza la satisfacción inmediata que proporciona la sustancia adictiva, en vez de pensar cómo saber esperar y controlar los propios impulsos. Esta es una de las formas que puede generarse una personalidad preadictiva. En estos casos sólo falta que el adolescente tome contacto con la droga, para que un adolescente con personalidad preadictiva se  pueda convertir en adicto.

FACTORES CONDICIONANTES

A esos condicionantes familiares, tenemos que sumarle la características propias del adolescente: hay una desidealización del padre y de la madre, luego de la cual el hijo deja de sentir esa protección todopoderosa que representaban sus padres en los primeros años de edad. Al mismo tiempo, aparecen grandes contradicciones en el adolescente, en que se aleja de los objetos de su niñez que se relacionaban con sus afectos, y a la vez tiene nostalgia de ellos. Por ello no es difícil entender que intentará buscar protección y fortaleza en líderes o ídolos que satisfagan estas necesidades, incluyéndose en estos grupos de adolecentes, conocidos como “grupos de pertenencia”. En estos casos, el modelo a seguir es el que está instalado en los códigos de dichos grupos, donde la idealización o la necesidad de imitación, puede llevar al adolescente a iniciarse en alguna adicción. Otro aspecto que es necesario considerar, es que en la adolescencia, las emociones y riesgos son buscados porque consolidan la propia existencia y si se  encuadran dentro de un cauce de normalidad resultan positivos para el desarrollo de la personalidad. Pero lamentablemente, esa necesidad del vértigo y los riesgos puede encontrar en la droga esa necesidad satisfecha inadecuadamente.

También es necesario considerar la influencia social a través del uso de drogas "legales". El consumo de alcohol y tabaco es parte integral y crucial de la secuencia adictiva. Su uso precede, prácticamente siempre, al de las drogas ilegales, independientemente de la edad en que se inicie el consumo estas últimas. Es muy raro el comienzo directo con drogas ilícitas.
Las primeras sustancias que los jóvenes suelen experimentar son alcohol y tabaco (cerveza, vino y cigarrillos). Luego pasan a las bebidas blancas y/o a la marihuana. También es muy raro que se utilicen otras drogas ilegales como la cocaína o los opiáceos sin pasar previamente por la marihuana.

Mas adelante estos individuos buscarán en las sustancias psicoativas un elemento compensatorio que les permita eludir la invasión de angustia que ellos no pueden evitar con sus propios recursos.
Finalmente diremos que no todo adolescente  que llega a consumir algún tipo de  drogas se hace adicto. Tienen que existir esos factores pedisponentes, que se encuentran en su personalidad y los condicionantes familiares y sociales que mencionamos anteriormente.

Los que terminan siendo adictos viven huyendo permanentemente de su angustiante  vacío interior y su soledad, para lo cual muchos aprendieron en su contexto familiar y social cómo hacerlo. Muchos adolescentes refieren, que al convertirse en adictos se siente que son “algo”, o sea que sienten equivocadamente, que lograron una nueva identidad.


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