malformaciones del feto por medicamentos


MALFORMACIONES DEL FETO POR MEDICAMENTOS

 

El suministro de Talidomida para evitar el mareo durante el embarazo produjo entre 1959 y 1964 una epidemia de malformaciones en la Argentina y en varios países del mundo. Sus efectos nocivos hicieron que inmediatamente la droga fuera retirada de las farmacias. Sin embargo, no fue prohibida por las autoridades del Ministerio de Salud. En cambio, en Estados Unidos, el laboratorio Guiness, el único que la fabricaba, dejó de producirla. Cientos de casos de malformaciones, sobre todo en las extremidades, se registraban a diario en las maternidades de los hospitales y clínicas del país porque muchas mujeres las consumían en los primeros meses de embarazo. Como es sabido, aproximadamente el 80 % de las mujeres embarazadas ignoran su estado hasta el primer mes de gestación. Motivo por el cual el impacto de la Talidomida fue mayor.

A cuarenta años de esta desgraciada experiencia, los damnificados desfilan mostrando a una sociedad que parece indiferente las secuelas de una guerra cuyo teatro de operaciones fueron los laboratorios. Cuando todo parecía olvidado y habían desaparecido los fantasmas del flagelo de la Talidomida, la Foods and Drugs Administration de los EEUU autorizó, a principios de este año, nuevamente su uso y comercialización. La decisión se fundamentó en las nuevas aplicaciones que se encontraron en la droga, destacando las propiedades inmunomoduladoras para el tratamiento del Sida.

Las voces en contra no tardaron en hacerse oír. Estudios recientes del científico australiano Williams Mc Bride dieron la primera señal de alerta acerca de las consecuencias de esta sustancia. En tanto, el patólogo Peter Huang aseguró que el fármaco puede afectar el código genético, lo que implica que las malformaciones producidas por la Talidomida alterarían el ADN y se transmitirían de generación en generación. En América Latina, y en la Argentina en particular, la Talidomida es utilizada en el tratamiento de la lepra (eritema nodoso de la lepra o reacción leprosa tipo 2) y el Sida. En la actualidad, y a raíz de la disposición ministerial, los laboratorios podrán venderla mediante el simple trámite de pedir ante las autoridades sanitarias el cambio de prospecto.

El doctor Eduardo Castillo, creador de la Fundación Estudio Colaborativo Latinoamericano sobre Malformaciones Genéticas (ECLAMC), con sede en Brasil, sostiene que la falta de control que existe en la Argentina, como en gran parte de América Latina para todos los medicamentos, aumenta los riesgos de la Talidomida a niveles inesperados. Un informe del Eclamc, que lleva un registro de malformaciones congénitas, demuestra que la Talidomida, desde 1965, año en que dejaron de producirla, prescrita solamente para casos de lepra, provocó 34 casos de embriopatía talidomídica. Y concluye con la advertencia de que cuando la droga se encuentre en todas las farmacias, volveremos a estar frente al mismo problema, con el agravante que ahora la comunidad científica conoce los resultados nefastos de su aplicación.

Cincuenta especialistas e interesados en el tema, entre los que se contaban representantes de las agencias gubernamentales, institutos de investigación, laboratorios, universidades, organizaciones de padres y pacientes, y un enviado del Eclamc, se reunieron en mayo de 1998 en los Estados Unidos para tratar la prevención de defectos congénitos debidos a la Talidomida. Mientras tanto, en Londres, donde funciona el laboratorio Guiness, un grupo que lucha por los derechos de las víctimas de esta sustancia presentó un petitorio exigiendo que la empresa destine más fondos para que se investigue sobre las consecuencias de la droga. En la Argentina, en mayo del mismo año, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica -organismo dependiente del Ministerio de Salud y Acción Social- emitió la resolución 2074 que autoriza la comercialización de la Talidomida para que sea suministrada a pacientes con lupus eritomatoso discoide, aftas bipolares recidivantes y Síndrome de Behcet. La producción y el suministro de la droga, a pesar de lo dictaminado, sigue en proceso de discusión y queda a consideración de las áreas de competencia. Lo más grave del problema es si se comprueba definitivamente que los efectos del medicamento rompen la barrera genética y se hacen hereditarios. Los fantasmas de la Talidomida volverán del pasado.

 


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