primeros auxilios en la escuela

PRIMEROS AUXILIOS EN LA ESCUELA

Resulta indispensable organizar la seguridad y el socorrismo en la escuela. Quizá presente más complejidad que hacerlo en cualquier otra empresa, por la gran heterogeneidad de los actores que entran en juego y la particularidad de sus grupos etáreos. En efecto, si comparamos el escenario con el de cualquier fábrica, industria o institución, veremos que en ellas se desempeña un grupo de personas adultas, diferenciadas en dos grandes niveles: quienes conducen  en distintos estratos jerárquicos y quienes  laboran en distintas dependencias; todos ellos esperables y previsibles en sus conductas y armonizados desde el seguimiento de la psicología laboral.

La escuela presenta a sus trabajadores, también personal de conducción, docentes, y no docentes (admimnistrativos y auxiliares), tan atribuibles y esperables en sus conductas y organización a las de cualquier institución empresaria, pero además se hallan los alumnos, desde la más temprana niñez, hasta la juventud adolescencial y aquí siempre las conductas nos son tan conjeturables ni prevenibles. Al tratarse de personalidades en formación, a veces dichas conductas resultan impredecibles, afectadas particularmente en la actualidad por un clima social enrrarecido precedido por  tres décadas de construcciones y deconstrucciones donde el concepto del orden sufre las atribulaciones del despotismo tiránico y juega un fenómeno de antípoda liberalizada que culmina en el desorden. En estas circunstancias la escuela como ya hemos señalado repetidamente busca su lugar en la sociedad, con una crisis de identidad propia y frecuentemente desconectada de la realidad del presente. ¿Qué es lo que tiene que enseñar y cómo hacerlo y transmitirlo?. Y en

ese contexto juegan otros centros de poder El que configuran los grupos familiares y su influencia en el entorno escolar y en la enseñanza impartida a sus hijos en relación a su comportamiento con la escuela y con sus docentes. En este medio social, donde la “piquetomanía”   se ha constituido en la nueva forma de reclamo pero a su vez de alteración del orden instituido y de enfrentamiento de los conciudadanos por el respeto de sus derechos individuales que se vuelven irreconciliables: el de los piqueteros de demostrar su disconformidad social ante una exclusión agobiante y devastadora, y el de los transeúntes de ver bloqueado su paso sin poder llegar a destino y a veces con necesidades supremas de hacerlo; en este medio social conflictivo, decíamos,  las familias, núcleos primarios del tejido social son a su vez las partes sufrientes y demandantes. ¡ Nuestras familias tienen que encontrar una posición de criterio adecuada frente “al orden” ! . Pero todavía no sucede. 

Están inmersas en la confusión. Participa en manera determinantemente decisoria una fracción del llamado Cuarto Poder, la que configura “la prensa amarilla”  de los medios de comunicación, que manipula la información, que induce criterios, que prejuzga, juzga y condena, que vulnera la intimidad de la justicia, que promueve modelos alienantes y procaces, tales como los “reality shows”, que incita al desorden y desgobierno al dar  “pantalla” a conductas decididamente ilícitas y delictuales. Y es en este escenario, donde el grupo familiar y como nunca antes había sucedido, se cuestiona la autoridad de la escuela misma. Observamos atónitos que se aconseje al niño a replicar a sus docentes, a no callarse ante nada, a contestar la agresión del compañero con una nueva agresión y aún más desmedida. Que los padres apoyen las conductas contestatarias de los hijos,  ¡ y en su presencia!. Se promulga un régimen de convivencia escolar para evaluar y controlar las situaciones conflictivas que se producen y adecuar las sanciones disciplinarias de los alumnos...  Y se crea un Consejo de Convivencia Escolar  integrado: por los padres con todas sus conflictivas y demandas (muchas de ellas reprimidas y afloradas en ese ámbito); los alumnos, con su personalidad en formación, juzgando las conductas de sus pares y aconsejando medidas a adoptar; y los docentes con todas sus problemáticas familiares y laborales, condicionantes de una decisión ecuánime que desaliente la de otros integrantes. Y ese Consejo de Convivencia, que se convierte no en una estructura asesora y no vinculante de la decisión última que recae en la autoridad del Director, sino en la estructura decisoria de las medidas que deberá aplicar el Director.

Y es aquí donde la autoridad se desdibuja y queda el decisor como un mero dependiente, instrumento necesario de la acción colegiada. Y ocurren en la escuela otros factores incidentes que también pugnan por una cuota del poder y que están constituidos por las restantes asociaciones intermedias: intrainstitucionales: Asociación Cooperadora, Asociación de Padres, Asociación de Ex-alumnos, y extrainstitucionales: Asociaciones Barriales, Clubes benéficos (Rotarios, Leoninos, etc), Asociaciones de Comercios; que hacen valer sus influencias en mayor o menor medida o por su significación económica o por su significación de adhesión y respuesta. La consecuencia del desorden social, la escuela que no encuentra su rol, la falta de límites en toda su expresión y extensión, lleva a una anarquía del poder que potencia la inseguridad y los riesgos siniestrales. Es por todas estas razones que quizá como en ningún otro tiempo se imponga como imprescindible para la escuela el contar con el   Comité   de   Seguridad Escolar. El Comité de Seguridad Escolar es la unidad responsable de desarrollar actividades en materia de protección civil en las escuelas. En dicho Comité participan activamente miembros del personal directivo, docente y administrativo, así como alumnos (sólo para el caso de educación secundaria y normal), padres de familia y personas de la comunidad circundante

 

 


comments powered by Disqus